miércoles, 22 de octubre de 2014

Reseña de Guitarra nocturna

Hacé que la noche venga
Por Pablo Klappenbach

Sabemos con la liebre y la tortuga de Zenón que lo que definimos como tiempo sufre de ciertas imprecisiones y que es bien posible que la eternidad suceda en un instante. Es así que la noche referida en el título de este poemario podría estar comentando los alcances de una percepción más que el ciclo de una noche, o mejor, que la noche es una manera de percibir distinta, no contemplada en los índices de la normalidad. Lo cierto es que Guitarra nocturna comienza cuando aparece lo que repta por las sombras, lo que suena sin un referente visual explícito, lo que se desnaturaliza al perder su identidad cotidiana, obvia. Se abre la noche y los materiales parecen desplegar una rememoración de otras funciones, otros usos y otros lenguajes. No es menor esta manera esencialista que tienen las cosas de convocarse. La hipótesis pareciera ser la de que en la improductividad de la noche ellas dejan de ser útiles y vuelven o señalan o sugieren una forma original, o al menos pretérita, en la que su existencia era otra, que intuimos más verdadera por lo que dice la voz cantora, aunque no estamos seguros de que algo así exista, una esencia, un origen. No es casualidad que la última palabra, plural pero solitaria, nos reenvíe a un espacio sin tiempo, a un tiempo sin espacio, a una suspensión: la de lo mitológico. Desde un presente de alcances varios (aparece "farol" a la vez que "distortion", figuras que en todo caso llaman a la ciudad moderna como entorno), la relación es con el pasado. Es una poética cuyo diálogo se establece en esa ambivalencia, arrastrada por la coloración cobriza de una noche que puede ser la de Arlt, la de Zitarrosa, la de Vallejo. Y cuando la luz es azul como en la hora mágica, también hay algo de Darío y del terciopelo que flota.

Los materiales, entonces, insisten en descomponerse en formas básicas, proponiendo un registro telúrico que sin embargo no es único en Guitarra nocturna, sino que se superpone a otros. Porque hay también una persistencia en la sustancia, en darle nombre, en la búsqueda de la precisión para decir. Una insistencia casi técnica para hacer venir hacia nosotros un pasado despreciado, ignorado, silenciado (por el día, por los que habitan el día, por los que se habitan con la palabra de la transacción). Y a su vez la recurrencia a la materia prima de la lengua también define territorios, formas yuxtapuestas donde la vivencia urbana coexiste a un tiempo con montes, océanos, caminos entre la selva, playas. Es, sin decirlo explícitamente, una experiencia del espacio a la manera latinoamericana. Su idea de lo urbano en superposición con formas abruptas de la naturaleza, esa coexistencia no armónica sino ruda, forzada, por corte directo, diríamos si fuera cine, responde a una idea de lo latinoamericano sin pasteurizar.

Claro está que desde el título estos poemas también suenan. Y si al principio se mueven indecisos entre la resonancia de la madera y la potencia de la electricidad, hacia el final parecieran imponerse los sonidos metálicos, disonantes, inarmónicos y amplificados de lo eléctrico. Pero no para establecer una moral donde la ciudad es el monstruo maldito, anormalidad de una geografía extraviada. Es otra cosa. Es el fin de la lucidez del insomnio. La evidencia de los restos, la clausura narcótica del viaje, la crudeza con que se impone el día y, otra vez, una forma útil para los objetos, una economía de la circulación de las palabras y los gestos.

Hay una resonancia gitana en la forma en que lo musical atraviesa estos poemas. Se trata de una celebración del nomadismo y el movimiento. Banda sonora de un viaje que se construye en un andar por una geografía extraviada, incierta, de formas difusas casi fantasmagóricas y que anhela que alguien la viva. Es una latencia, la noche, la que aquí se nombra.




viernes, 17 de octubre de 2014

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No ser
a la medida de las circunstancias
circunferencias
esas calcomanías de campaña
campana sonora
que aturde el tímpano
y se aloja
ojalá

en el estómago vacío

jueves, 9 de octubre de 2014

*


Algo así es la manía
encapsulada en un maní
sobrecargada en la idolatría
lujuriosa
pornográfica


viernes, 26 de septiembre de 2014

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 Cuántos laberintos hay que atravesar para llegar a la conclusión de que A es B o al menos se parecen porque se complementan ya que −digamos− son lo mismo y no hay escapatoria porque A es B y C y a veces D pero nunca… no sé que es nunca pero es algo o nada o simplemente un tratamiento contra el olvido la memoria –como la llaman−  endeble en estas latitudes de prosapias rancias en los cetros provinciales y portuarios mientras en los escaparates vacíos de las casas pobres de las villas y en los arrabales urbanos cercanos a la muerte fácil el escarnio y la desidia como las sillas los sillones las bibliotecas en las grandes salas de los palacios estatales o en las grandes empresas… esos imperios que se construyen −casi siempre− de las ausencias ajenas de los males que aquejan a los otros los distintos los disminuidos los que nunca terminan de ser A o B aunque creen que lo son y por eso depositan la confianza y luego se lamentan cuando hace frío y no tienen con qué cobijarse y sus hijos se encuentran en apuros y ellos no saben qué hacer para ayudarlos y los días que casi siempre son más cortos en invierno pero por suerte el frío protege a los alimentos de los gusanos y no hace falta enfriar el vino pero es necesario calentar el alma que no tienen los que poseen y no convidan esos que como se decía antes tienen un sapo en la barriga un sapo gordo de tantos bichos que se ha comido y de la buena merca que aspira en cada sartenazo en cada lengüetazo en cada pisada con sus zapatos ricky sarkany en el peor de los casos pasean en sus ferraris y bmw’s con llantas de gomaeva unas buenas llantas deportivas y una gorrita con visera y los pantalones por el piso y así meneando al ritmo sacudiendo una cadena de oro con un crucifijo… ese del tipo muerto por careta en la cruz porque tampoco entendió que  A era B y que su padre –entre otras cosas− era el espíritu santo y que su madre era virgen pero humana hasta que se la reclavó una paloma salida de la nada y su abuela −pobre− que siempre contaba que le habían regalado la bicicleta cuando les escribió una carta a los reyes magos y después el tío que se enteró de la guerra por la tele y se fue hasta la plaza igual que cuando habían ganado el mundial mientras morían muchos justamente por no tener la pelota y el padre que mostraba un billete con un montón de ceros creyendo que tenía más y la caja que entregaban con pan porque los ceros no alcanzaban porque no es verdad que “con la democracia…” cuántos laberintos hay que atravesar para llegar a la conclusión de que A es B o al menos se parecen porque se complementan ya que −digamos− son lo mismo y no hay escapatoria porque A es B y C y a veces D pero nunca…  


jueves, 18 de septiembre de 2014

*


Se levanta el velo
en vuelo rasante
y la sotana del luto
por el muerto ensuciada

son las contradicciones de ser millonarios
y decir querer 
cambiar el mundo

−para qué si ya tenemos el poder

Todos se parecen en eso de los caudales
es el germen del sobrevalor
la tentación de agarrar más
para apretar acá
donde duelen las palabras

el aliciente para el pobre gil que se golpea la cabeza
intentando limar las asperezas de su insignificancia

y el frío que cala hondo
en los huesos
en el miasma putrefacto de la clase

casta
ralea
linaje
familia
progenie
alcurnia
clan
tribu

barro cocido
desde el principio han chapoteado

ustedes

en el barro original
en los pantanos de la inmundicia
de donde proviene
la  calaña de Yzur y sus ancestros
cuando entre balbuceos rezaba
el inmundo mono:

 −“amo, agua, amo”   

sábado, 6 de septiembre de 2014

*


desnudo identitario
generacional

el hambre de saber que
la llama-sueño
en el meridiano del sol incandescente
se pega al fluido donde
el crepúsculo entorpecido
                intemperie del Ser
se hace añicos con la materialidad
política en lo real acontecido y concreto
la superficie añeja que no cede


¿cuándo una revolución?